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sábado, 3 de abril de 2010

A 34 años del golpe genocida, re-emergen las contradicciones históricas


El golpe del 24 de marzo de 1976 tuvo como meta desarticular la organización popular que hacía posible desarrollar el proyecto emancipador de nuestra Argentina y América Latina. Era necesario eliminar a 30.000 militantes y disciplinar policialmente a la sociedad para instalar el proyecto estratégico neoliberal, que sembró de miserias nuestra tierra.
El bloque de poder angloamericano, con asiento en EEUU e Inglaterra, desplegó a partir de los 70’ una contra-ofensiva mundial contra los trabajadores, los pueblos y los estados contrarios a sus intereses o que resistían subordinarse a su dominio. A partir de la crisis de los 70’, emerge y se desarrolla el capital financiero transnacional –los llamados pulpos globales- que junto con sus multinacionales y las oligarquías locales de cada país subordinado constituyeron una alianza estratégica para desarrollar un Nuevo Orden Global.
Los objetivos eran claros: destruir los estados que podían traccionar regionalmente y constituirse en bloques de poder autónomo de los intereses imperiales, objetivo que ya aparece expresado con absoluta claridad en famosa frase del premier británico, Winston Churchill, en la Conferencia de Yalta en 1945 “no dejen que la argentina se convierta en potencia porque detrás de ella arrastrará a toda Hispanoamérica”; y en segundo lugar, de la mano de los dicho anteriormente, apropiarse de exorbitantes ganancias a costa de los trabajadores, dando un vuelco absoluto en la distribución del ingreso: en 1974 el 50% de la riqueza generada en el país iba para los trabajadores, para el año 2000 sólo un 23% de la riqueza producida por los propios trabajadores volvía a sus manos mientras que el 76% restante se lo pasaron a apropiar quienes impulsaron la dictadura genocida.
El plan fue ejecutado por las Fuerzas Armadas, que habían sido despojadas de su sentimiento nacional y humanista de las gestas independentistas, junto con otros actores del sistema político-institucional que representaban los intereses de los señores del dinero y las finanzas. Luego, hasta las propias fuerzas armadas fueron destruidas por los mismos que las habían usado para perpetrar la masacre, ya que la tarea de implantar y desarrollar una sociedad excluyente, individualista, inhumana e injusta podía ser realizada con mayor legitimidad por los llamados gobiernos “democráticos”, sostenidos en el show mediático y la desorganización popular.
La estrategia fue similar para todos los países del mundo y en Argentina se tradujo en privatizaciones, multiplicación infinita de la deuda externa, flexibilización laboral, destrucción de las conquistas sociales, desintegración regional, privatización del sistema de salud, privatización del sistema educativo, desmantelación de las industrias estratégicas estatales, desmantelación del complejo científico-tecnológico nacional, destrucción de la banca nacional, transnacionalización del sistema financiero, independencia y autonomía del banco central con respecto a su pueblo y dependencia con respecto al capital financiero, destrucción de la industria nacional.
La aniquilación de la juventud fue central para el desarrollo de la estrategia neoliberal. Primero, mediante el terror. Luego, a través del consumismo, el individualismo, la socialización en valores mercantiles donde quien más tiene más vale por sobre los valores humanistas, la cultura del reviente, la falta de perspectivas, el desempleo, la falta de oportunidades y la fragmentación social que acompañó el impresionante aumento de la desigualdad. Para ellos, el objetivo de destruir la juventud como actor político-social y subordinarla a un espectro más del mercado era y es imprescindible para abortar cualquier perspectiva transformadora de la sociedad que reclame por un mundo más justo. La juventud es un protagonista central en cualquier proceso de cambio a favor de los intereses populares.
Sin embargo no pudieron. Por más saña y sangre que hayan puesto, nuestro pueblo volvió a levantarse y reconstruirse sobre sus cenizas y sobre su historia infatigable de lucha. Tal y como viene ocurriendo desde hace 500 años en nuestro continente y como viene sucediendo desde que nuestros libertadores gritaron Patria negándose a ser colonia. Ellos nos legaron como tarea para las generaciones futuras la resolución de dicha contradicción, que atravesará todo tiempo americano hasta nuestro presente bicentenario, donde bajo nuevas formas se vuelve a luchar por lo mismo: escribir nuestro destino con nuestras propias manos, hacer Patria Grande (para ser) y negarnos a ser colonia.
Por ello hoy la juventud no está sólo para recordar a nuestros caídos y nuestras derrotas. En esta hora americana, en que se dan grandes pasos a favor de la mayoría, la juventud está para retomar la historia y comprometerse en la construcción de lo nuevo.
Los años negros han cambiado para Argentina y América Latina. Sin embargo, con cada avance de proyecto estratégico asentado en los pilares Estado-Producción-Trabajo, se observan resistencias e intentos de desestabilización política cada vez mayores. La reacción se corresponde a la acción. La envergadura de las conquistas populares se corresponde con la magnitud de las maniobras del bloque de poder financiero-mediático-agroalimentario-exportador, que tiene muchas razones para golpear cada vez con más fuerza:
La recuperación de las negociaciones colectivas de trabajo; la recuperación parcial de la industria nacional y de los productores nacionales; la recuperación del 4343eewempleo, aunque todavía con mucho trabajo informal; la progresiva redistribución de la riqueza que no deja de ser muy insuficiente (del 23% al 36% del PBI para los trabajadores); la recuperación del salario mínimo, que es el mayor de Latinoamérica medido en dólares; la implementación de la asignación universal por hijo; la re-estatización de los fondos previsionales (la crema de las fuentes de negociados financieros); el progresivo control estatal de la economía; la reactivación y/o re-estatización de las empresas estatales estratégicas (como en el caso de la industria naval, la aeronáutica, la nuclear y la satelital); la derogación de las leyes de obediencia de vida y punto final con el consecuente enjuiciamiento a los responsables del genocidio neoliberal del 76’-83’; el avanzado proceso de integración latinoamericana y el fortalecimiento de un bloque de poder relativamente autónomo de las políticas imperiales; el rechazo al proyecto imperial del ALCA y la dolarización de América Latina (propuestas incluidas en la plataforma electoral de Menem y del radicalismo encabezado por López Murphy en las elecciones de 2003, hoy estrellas del senado); la recuperación de la educación pública que tiene el mayor nivel de inversión en Latinoamérica, llegando al 6% del PBI; la ley de medios de la democracia; la recuperación del Banco Central para los intereses nacionales, entre otras cuestiones.
Estas conquistas populares, que para las grandes mayorías están lejos de ser suficientes, son más que suficientes para que los dinosaurios de la dictadura vuelvan a reaparecer desesperados, desencajados y espantados de los avances populares en detrimento de sus intereses. El bloque neoliberal financiero-mediático-agroalimentario-exportador en sus distintas fracciones y con sus distintos representantes, saben que deben cambiar con urgencia el equilibrio de poder en Argentina. No toleran mayores avances del proyecto nacional, popular y latinoamericano que afectan estructural y estratégicamente sus intereses. Por eso se juntan para golpear y desestabilizar aunque todavía no puedan juntarse, sumergidos en un mar de contradicciones, para establecer una estrategia y un programa común.
La reflexión sobre el golpe del 76’ se llena de contenido concreto y actual para la juventud en este escenario histórico en donde vuelve a definirse el destino de nuestro país y de Nuestra América. Las tareas históricas nacionales para concretar nuestra definitiva independencia y la justicia social vuelven a aparecer como urgentes, necesarias y con inmejorables condiciones objetivas para su resolución. Estamos transitando nuevamente el camino transformador en nuestro continente, mientras se agudizan las luchas entre los grandes polos de poder mundial, con sus consecuentes crisis globales, lo que nos permiten tener tiempo y espacio para desarrollar un proyecto propio, un proyecto desde los pueblos Latinoamericanos.
El golpe del 76’ fue para abortar este camino transformador, así como lo fue el golpe el golpe del 30’ y del 55’. Hoy los mismos de siempre se quitan las máscaras e intentan juntarse para echar por tierra esta nueva hora argentina-latinoamericana. Pero la diferencia es que la iniciativa sigue siendo del pueblo y el tiempo de la oportunidad histórica todavía no se ha cerrado. Para la juventud es el tiempo de decir nuevamente presente para escribir la historia de nuestro pueblo.

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